El Confesor por Carlos Randazzo

Era de noche. Una noche muy profunda y  oscura como pocas. No se veía la luna ni nada, Solo nubarrones, llovía a cantaros. Si llovía como pocos días había llovido. 

La lluvia caía violentamente sobre el techo de la vieja iglesia. El hombre caminaba sobre el viejo pavimento. Dejando caer gruesas gotas de agua y sembrando  manchas de barro a su paso. Su triste figura nada decía. Su rostro serio y de adusta fisonomía ninguna emoción delataba. 

Se acerco a secos y cortos pasos al confesionario .El padre oyó unos pasos estruendosos. El hombre veía una sombra junto al confesionario. El padre veía un hombre con semblante de borracho  caminando hacia él. Se acerco al hombre y le dijo: “que ocurre hijo mío”. El hombre vio a la sombra acercarse y esta le dijo algo ininteligible.

Dijo el hombre: perdóname Dios padre por esto”. El padre vio al hombre sacar un revolver, cuando le apunto con el grito desesperado: NOOOOOEl hombre saco su arma y la sombra empezó a vociferar algo en una lengua muerta tal vez arameo. El hombre disparo dos veces y la sombra cayó al suelo. El padre vio al borracho dispararle y sintió en carne viva el primer disparo y cayó al suelo.

 El hombre se alejo caminando lentamente. El padre yacía en suelo desangrándose lentamente. Afuera seguía lloviendo, lloviendo a cantaros. 

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